9. Envidia

-Afrodita de Piscis- Retsu movido por la envidia, el orgullo y el deseo decidió por si mismo visitar la doceava casa, la casa de Piscis. Rodeo el recinto para entrar por el acceso principal.

 

-Así que eres la mascota del Patriarca- Era el santo de oro, Afrodita de Piscis. Era tal y como lo habían dicho las amazonas, era el ser más hermoso por sobre todo el santuario, rayaba en la delicadeza femenina, si eso era, para Retsu no era más que un afeminado narcisista.

 

– ¿Has venido a comunicarme un mensaje? Como veras estoy un poco ocupado con la visita de una amazona inesperada- Retsu miró a donde señalaba Afrodita y miro lo que el sabia. La amazona estaba con el santo dorado. Sintió un ataque de celos enorme. Por iniciativa de Retsu, la batalla había iniciado. Hace  unos años,  esa pudo haber sido una idea descabellada, pero ahora tenia los argumentos suficientes para enfrentar  a un santo dorado  en igualdad de situaciones.

 

-He escuchado que siendo un caballero de bronce, tu poder  está alcanzando la voluntad, el séptimo sentido. Preguntó retadoramente Afrodita.

-Retírate mujer-

-Veo en tu mirada que la deseas, si no te refrenas, esa será tu perdición-

-¡Calla! ¡Será mía!-. La mirada de Retsu se lleno de sangre, la sangre le hervía,  vibraba de un resentimiento enorme mezclado de saber que podría derrotar al santo de pisicis. Estaba cargado de adrenalina pura. No se podía negar, Retsu había cambiado, de hecho a través de los años dejo de ser aquel niño de mirada tierna, ahora, era la de un hombre sediento de la victoria. Su meta de servir a Atenea, se esfumó con el pasar del tiempo, ahora había alcanzado la voluntad pero para servir sus propios fines.  Aun llevaba a Atenea en su corazón pero no ocupaba el espacio que debería ocupar.

-Rosas diabólicas reales.

-Patriarca… ¿a dónde quiere llegar con esto?- Pregunto Máscara Mortal. El Patriarca solo se limito a soltar una gran carcajada. Eso era suficiente para el santo de oro de Cáncer.

Mientras tanto al otro lado del globo, se encontraba la señorita Saori kido y puñado de caballeros renegados que negaban reconocer al Santuario como autoridad máxima. Eran jóvenes de entre 13 y 14 años, vivaces, llenos de valor y agallas. Habían encontrado en la heredera de la fortuna Kido a la Atenea mitológica. Alrededor de  unos pocos meses se habían enfrentado a varios santos de plata que por órdenes del Patriarca, habían marchado a medio oriente para asesinarlos. Pero no pudieron llevar a cabo su cometido debido a la férrea voluntad de los llamados Santos de Atenea. Ellos se estaban preparando para enfrentar directamente las fuerzas del Santuario a través de una invitación formal. Ya hacía días que Saori la había enviado al Patriarca y aún no tenia respuesta.

-Tatsumi- Dijo la señorita Saori -de aquí a poco enfrentaremos la maldad de Arles y el poderío del santuario. Me duele que hacer pasar por esto a Seiya y los demás-

Seiya era un joven japonés que hacía tiempo que se había hecho de la armadura de bronce de pegaso, el había estado en Grecia, había enfrentado a Aioria y había salido con vida gracias a la intervención de la armadura de sagitario y a la aparición de Saori Kido mostrándose como Atenea misma. Aun y cuando Seiya había portado la armadura dorado, aun  no conocía el séptimo sentido y eso quería decir que verdaderamente no estaban preparados para la verdadera batalla, eso los convertía en presas fáciles. -Detente Retsu-

-¡Patriarca! Saori Kido ha enviado una carta desde medio oriente- Por fin la invitación había llegado. El Patriarca la leyó con desdén.

-Mira que querer visitarme directamente aquí al Santuario, es un suicidio para ella- Dijo carcajeándose el Patriarca.  Sabía que Atenea había reencarnado en Saori Kido, el lo sabía pero también tenía conocimiento era que no estaba despierta aún.  Atenea es la diosa de la estrategia y Saori Kido estaba mostrando actuar de manera inocente casi rayando en la estupidez.

-Tendrá el recibimiento que ella merece- El Patriarca ordeno a Máscara Mortal que hablase con el santo de plata Tremy de Sagitario para que fuera él quien diera la recibimiento a Atenea y sus santos.

-Yo iré en busca de Retsu- El Patriarca se levanto de su trono y se dirigió lentamente hacia la puerta principal. Extrañamente sabía donde esta Retsu y sabia lo que estaba haciendo. Mientras caminaba un ente poderosa emano de entre sus hombros y le susurraba a sus oídos.

-Saga…pronto tendremos a la estúpida de Atenea a nuestros pies. Pero la verdad saldrá a flote, los santos dorados no pueden permanecer en la mentira que tú les has infundido durante todos estos años. Necesitarás de mi poder, del poder de un dios, el dios de la guerra.

-Si tomó o no tu poder, será asunto mío. Los estúpidos santos de oro me ven como si fuera la Atenea misma, si yo digo que es de noche aun teniendo los rayos del sol en todo su fulgor, ellos me creen, yo soy la palabra de Atenea…en otras palabras…yo soy  un dios.

Finalmente el Patriarca llego a la casa de Piscis. El resultado de la batalla fue más que evidente-

 

Retsu la había logrado, tenia a sus pies a afrodita de Piscis, lo humillo delante de aquella amazona que vio como caía su “amado”. Ella desapareció al instante al escuchar la voz del Patriarca.

-No puedes ir de aquí para allá queriendo satisfacer tu egoísmo-

-He recibido una carta en donde la falsa Atenea llamada Saori Kido vendrá al santuario. Llegara el día de mañana quiero que la recibas junto con el Santo de Sagitario-

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