Capitulo 27. “Conspiración en Giudecca”

 El santuario Atenas, Grecia.

 Era la tarde de otro día mas, puesto que el Santuario estaba cerca de las costas griegas, el aire salado se esparcía por todo el ambiente, además de que en esa estación del año, el calor solía ser muy agobiante. Sin embargo, todo soldado debía permanecer siempre alerta, ni las fuertes lluvias y ni el calor mas infernal podían impedir cumplir sus tareas…y una de ellas era la de impedir el acceso a intrusos en el Santuario, sea quien fuera.

 

—El calor es muy sofocante— Dijo uno de los soldados que se hallaban apostados en las faldas de una pequeña elevación que conduce al Santuario.

 

—Calla, mira que es lo que viene a lo lejos— gruño el compañero al ver a la distancia un carruaje tirado por un corcel negro. Los extranjeros deben ser santos de algún dios, puesto que atravesaron el cosmos de Atenea, dijo uno de los soldados vigías mientras que su compañero atajaba el paso.

 

— ¡Identifíquense! — Dijo uno de ellos con el miedo en la boca. Percibió un cosmos que no era ordinario.

—Vaya, vaya, no os molestéis, vuestra diosa me espera. Decidle que soy Xerces, emisario del Dios Ares. — Dijo el único tripulante de la carroza al tiempo que bajaba con suma  tranquilidad. Era un sujeto bastante alto, de tez blanca y ojos grises, llevaba puesto una túnica roja con vivos dorados, debajo de esta, se alcanzaba a ver un peto metálico de color grisáceo.

 

—No hay porque temer— Continuó diciendo el extranjero. Repentinamente un cosmos familiar se hizo presente en el lugar, era tan fuerte como el del extraño que se había presentado como heraldo de Ares.

 

— Déjenlo pasar, yo lo escoltaré hasta los aposentos de Atenea—. Era el santo de Aries, el llamado Hages proveniente de la misteriosa tierra Agharta, hombre sabio, poseedor de un legendario poder desconocido aun para la mismísima Atenea.  Los soldados al verlo respiraron de alivio. De inmediato recuperaron su postura y se ofrecieron para acomodar el carruaje.

 

—No os aconsejo que os acerquéis a mi fiel corcel, el pobre no ha comido desde hace tiempo y no deseo que os pase algún infortunio—  Los soldados percibieron sinceridad en las palabras de Xerces y dejaron en paz a aquel caballo peculiar.

 

—Señor Santo de Aries, ¿Sería tan amable de conducirme hasta los aposentos de vuestra venerable Diosa? — Solicitó Xerces con una cordura digna de un caballero.

 

— Sígame — Respondió Hages de Aries, uno de  los sobrevivientes de la primera guerra sagrada contra Ares, además de Leo, Virgo, Escorpión, Capricornio y Sagitario. El resto de la elite dorada no corrió con la misma suerte: el santo de oro Pleione del signo de Tauro junto a Vyie de Acuario habían quedado atrapados en el  “Eternal Canvas” de Parrasio pero escaparon durante la pelea entre este y Alliance; el paradero de ellos, no se sabe el día de hoy. Por otro lado, el santo del signo de Cáncer perdió la vida a causa del  “Bosque de la desesperación”, una dimensión creada por el extinto Meleagro. De los dos santos dorados restantes, se dará cuenta más adelante. Se dice que después de librar tan temible batalla, la bella diosa Atenea condecoró a los santos que quedaron de pie con el don de la vida eterna, aunque en realidad, lo único que hizo fue agregar más años a la vida de ellos con el fin de preparar a las próximas generaciones para las futuras guerras.

 

 

Sala del Patriarca.

 

—Mi señor Atenea, Xerces, emisario de Ares— Señalo Hages ante la presencia de la Diosa y el Patriarca del santuario.

—Gracias— Respondió amablemente la bella Atenea

—Señora, ¿desea que permanezca apostado en la entrada?

—No será necesario, regresa a la casa de Aries.

 

—Me parece  que mis compañeros de batalla, se encargaron de provocar un odio enconado hacia la gente de Ares— Dijo Xerces postrándose sobre su rodilla derecha e inclinando la cabeza reconociendo la divinidad de Atenea y el respeto hacia el patriarca que ahí se encontraba.

 

—Las guerras suelen suceder, son necesarias para establecer la paz— Continuó diciendo Xerces levantando poco a poco la cabeza hasta que sus ojos se clavaron en la mirada de aquella mujer divina.

 

—Me dijo Ares que enviaría a uno de sus  mejores hombres y déjame decirte que me ha sorprendido tu gentileza— Respondió Atenea levantándose de su trono.

 

—Mi señor Ares me ha concedido el honor de llevarla hacia Giudecca. Él personalmente desea comunicarle los planes que tiene para con Caos.

 

— ¿Qué noticias tienes de los berserkers? — Preguntó impaciente el Patriarca

—Mi señor, mis hermanos han cumplido parte de su misión…encontraron la manera de detener al advenimiento de Caos— Respondió orgullosamente Xerces.

 

— ¡Llévame rápido ante Ares! — Demandó Atenea, plantándose frente a Xerces.

 

 

Giudecca.

 

—Señora Atenea, hemos llegado— Dijo Xerces quien durante todo el camino permaneció dormido.

—Por cierto— Dijo el sirviente de Ares — Perdone mi descortesía al haberme quedado dormido durante el camino, es solo que vengo de una recia batalla durante la cual agoté hasta la última gota de mi energía.

— ¿Se puede saber contra quienes peleabas?

— ¡Oh! Descuide, no son de este mundo, ni de esta dimensión, mi señor Ares me envió de apoyo para otro dios.

 

Las palabras de Xerces confirmaban su sospecha que ella tenía desde hace tiempo: Hay dioses que estaban comenzado a expandir sus dominios hacia dimensiones paralelas, fundando reinos con el fin de hacerse más fuertes. Eso podría representar una amenaza en el futuro pero no tan grave como lo que representaba Caos.

 

Ambos caminaron sin cruzar palabra alguna hacia el lugar en donde se encontraba el trono de Hades. Giudecca no era más que un extraño mundo solitario y triste,

Hacia frio, la temperatura debía oscilar entre los 5 y 10 grados bajo cero.

 

Por fin llegaron a la antesala del trono de Hades, cuyas puertas se abrieron para recibir la llegada de la diosa.

 

A lo lejos se podía percibir los poderosos cosmos de Hades y Ares. Quien iba a imaginar que la diosa Atenea pudiera tener tratos con tales seres, sin embargo, ellos eran sus hermanos y ella era la dirigente del Olimpo. Nadie osaría ponerle una mano encima en esos momentos.

 

— ¡Hermosa Atenea!— Dijo lleno de sarcasmo Ares, el dios de la guerra cuyo rostro moreno reflejaba una alegría como nunca.

 

— ¿Así que tienes noticias de tus guerreros? —Pregunto fría y cortante la diosa de la sabiduría.

— Las noticias son más que alentadoras, de aquí a poco tiempo ya no tendremos que preocuparnos de Caos; mis berserkers  han obtenido información muy valiosa— Las palabras de Ares llenaron de asombro a Atenea; mientras que Hades se limitaba a observarlos, sus ojos se entrecerraban debido a la risa que estaba aguantando. No pudo más  y soltó la carcajada llena de burla. El receptáculo de Hades, el Arzobispo de  Inglaterra, era de por sí de naturaleza alegre, cuando el espíritu del dios del inframundo se manifestó en el, este creyó que era el demonio y quedó enfermo de sus facultades. Tal cosa no le pareció importar mucho, lo que interesaba era que su receptáculo fuera puro y sin mancha del mundo, no importaba si estaba loco o no. Los obispos lo tomaron como poseído encerrándolo en un cuarto en condiciones infrahumanas. Pero no fue sino hasta que Hades nuevamente se manifestó y su armadura terrenal apareció para vigorizar su cuerpo lacerado. Fue entonces cuando Ares apareció en su camino y juntos fueron a Giudecca.  

 

— ¡Calla! — Gritó Atenea al receptáculo de Hades apuntándolo con su báculo Niké. La mirada de Hades repentinamente se torno sumamente agresiva, tomó bruscamente a Niké y la hizo a un lado.

 

— ¡Oh Atenea no hagas caso de este insolente! ¡Tenemos a Caos! — Interfirió Ares, poniéndole su mano en el delicado hombro de la diosa. Ella se calmó.

 

—El muy tonto ha depositado— Continuó diciendo meneando una copa de vino —Su confianza en las criaturas de su universo, los llamados Guardianes de las esferas del dragón— Hizo una pasa y dio la espalda a Atenea.

— ¿Guardianes de las esferas del dragón? — Inquirió Atenea

 

—Cuatro guerreros que poseen una esfera cada una, son el equilibrio de su universo y de su advenimiento. Si uno de esos cabroncitos muere, todo quedará para perdido para Caos, el ya no regresará— Rió Ares a placer. Era su logro, sus berserkers lo habían logrado.

 

— ¿Quién se encargo de tomar la información? — Volvió a preguntar Atenea.

— ¿Te suena el nombre de Nerianne? Al escuchar ese nombre, el rostro de Atenea se desfiguró, hizo una mueca de desaprobación.

—Tu cara lo dice todo, la información es confiable.

—De todos modos, Caos no dejo desamparados a esos guerreros, algo deben tener para que los haya elegido.

—Bueno, perdí a dos de mis berserkers, pero qué más da. Los traeré de vuelta, al cabo tengo el favor del dios de los muertos— Dijo casi susurrando Ares que miraba de reojo a Hades, el joven dios de la oscuridad y la muerte. Había un misterioso trato entre ellos. El intercambio de miradas duro tan solo dos segundos, culminando con la sonrisa malévola de Hades.

— He pensado en eso Atenea— continuó Ares —sé a qué te refieres, por ello quiero que de nuevo pidas a la vieja Gea, que abra el portal hacia donde vive Caos, iré personalmente rematar a esos guardianes.

 

—¡Xerces! Mi Kamui

 

De regreso con  Alliance.

 

Alliance estaba asombrado, no había pensado que hubiera alguien capaz de detener de manera tan fácil su ataque, lo que era aun más extraño, era en que aquel saiyajin hallaba cierta familiaridad, para empezar, su cabello era tan blanco como el suyo, a excepción de las mechas negras.

 

— Seguramente estas sorprendido que alguien este frente a ti y no de rodillas como estas acostumbrado. Mi nombre es Raise, grábatelo bien.

 

Los demás saiyajines trataron de tomar ventaja de la situación pero Raise levantó su mano y con la fuerza de su ki detuvo todos los rayos.

 

—Hermanos saiyajines, ¿Quieren la cabeza de este? Siéntense a disfrutar del combate, porque soy el único que puede enfrentarle…y vencerle.

 

— ¡Un torneo! — Gritaron cientos de saiyajines, quienes aparte de conquistar planetas, lo que más disfrutaban era la de hacer pequeños torneos para determinar quién es el mejor. Alliance había estado en decenas de ellos, ganando todos desde su primera participación. Todos los saiyajines rodearon a los combatientes siendo espectadores pasivos.

 

Cuarto de Mando

 

— ¡Señor Ruiar! ¡Ese Saiyajin! — Dijo uno de los soldados que se encontraba a un lado del Capitán Supremo, señalando con su dedo hacia donde estaba la imagen de Raise.

 

—Recuerdo a ese por su cabello blanco…no calificó para ser un soldado de clase media por ser muy débil— Dijo Ruiar mientras se llevaba su mano a la barbilla.

 

—Señor, tengo informes de él— Interrumpió uno de los colaboradores de Ruiar

—Adelante.

—Se llama Raise, tiene la misma edad que Alliance y como usted dijo, hace unas semanas había intentado entrar en la milicia pero su poder era tan pobre no pudo entrar. No tengo más informes de él, pero parecía ser un saiyajin común y corriente a excepción de su cabello albino.

 

—Interesante…— Respondió Ruiar —Veamos que es capaz de hacer ese Raise…dile a la milicia especial que tengan no dejen de apuntar a ambos, que esperen mi señal para disparar—

 

 

La presencia de Raise y su incremento de poder, despertó la curiosidad en Ruiar quien dejo a un lado su deseo de obtener al cabeza de Alliance. El tenía la situación controlada, y la intervención de ese extraño saiyajin no cambiaria los planes finales de Ruiar.

 

La gente estaba a la expectativa, estaban deseosos de que la pelea comenzara. Ambos guerreros eran de complexiones similares.

 

—Atento— Susurró Raise que súbitamente desapareció de ante la vista de todos.

— ¡Ha desaparecido!— Dijeron gritando varios soldados. De pronto, un fuerte estruendo se escucho…

 

— ¡Miren! ¡La ha asestado un temible golpe! — El impacto fue tal, que Alliance salió disparado en contra de una serie de edificios, causando una gran destrucción ante la mirada atónita de los presentes.

 

 

— ¡Vamos Alliance! ¡Sé que ese golpe no fue nada para ti! ¡Al menos contra ese extranjero demostraste un poder que nunca había visto! —

 

— ¿Estuviste observando la pelea? — Dijo Alliance quien ya  se hallaba detrás de Raise. Los saiyajines no vieron a qué horas se había levantado de entre los escombros.

 

— ¡Ni siquiera hizo ruido!

— ¡Nunca había visto algo semejante!— Decían los que ahí se hallaban presentes.

 

— Se todo de ti Alliance, inclusive, el poder que esa esfera te dio. Sé que un tal Bijain te la ofreció.

 

Alliance comenzó a reírse.

 

— Vaya, no sabía que tenía a alguien de entrometido en mi vida. Deja de estorbarme, este planeta va explotar…

 

— Lo sé…y no me interesa. — Respondió fríamente Raise dándole la espalda a Alliance.

— Entonces quítate de mi camino— Dijo Alliance fieramente.

 

—Intenta quitarme— Dijo retándolo Raise quien en fracción de segundos lanzo otro ataque.

La pelea había comenzado, iban de un lugar a otro en cuestión de segundos, los espectadores no eran capaz de seguirlos con los ojos, solo podían escuchar los estallidos producto del intercambio de golpes. Ni uno de los dos cedía en lo absoluto, resulto raro para Alliance que Raise tuviera los mismos movimientos que el e inclusive, sentía que su rival poseía un ki tan poderoso como el suyo. Después de unos minutos, Alliance estaba ya casi al límite de su fuerza.

 

— ¿Tan mal quedaste debido a tu pelea con aquel extranjero? —dijo decepcionado Raise mirando fijamente a Alliance que sudaba copiosamente.

 

— ¿Por qué no me muestras un poco de aquel poder? ¿Dime que es lo que tengo que hacer para tener ese privilegio? — Preguntó socarronamente.

 

Alliance tragó saliva, estaba al punto de perder el conocimiento, su vista comenzaba a nublarse. Este en un intento por continuar la pelea, lanzó una pequeña esfera de energía que justo al llegar ante Raise se desvaneció por completo. El cuerpo de Alliance no pudo mantenerse más tiempo en el aire y de súbito comenzó su caída.

 

Ruiar estaba mirando lo sucedido con los ojos llenos de una alegría malsana. Finalmente dio la orden.

 

—Disparen.

 

— ¿Tienes poder?

— ¿En verdad te escogió Caos? No eres más que un simple saiyajin

— ¿Tienes poder?

— ¡Demuéstrame que no fue un error haber venido a este podrido planeta!

— ¿Tienes poder?….

 

Esas palabras eran las que resonaban en su mente una y otra vez, pudo identificar aquella voz que provenía de la esfera de dos estrellas, cuando inquisitivamente le preguntaba si tenía poder, recordó también esas palabras de aquel hombre llamado Bijain, cuando lo humilló terriblemente.  Parecía que el tiempo se detuvo, la caída de 200 metros parecía extenderse por más. Una vez más parecía que todo se movía en cámara lenta. Las armas de los saiyajines comenzaron a brillar con la luz de la muerte.

 

— ¿Tienes poder?

 

 

Continuará

comentarios
  1. Coyote Cojo dice:

    Esa pinchi esfera que enfadosa con su ¿tienes poder?

    Ese Raise (Rice) ta cabrón. ¿que tramarán Hades y Ares?

  2. elhazardmx dice:

    Oie! Te prometo que la acción a “raudales” regresará en el siguiente capitulo que tambien ya lo tengo escrito pero me hace falta arreglarle unas cosas. Saludos y te agradezco mucho la lectura!

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